
En El Mercurio del día domingo 26-3-06, aparece el artículo
Los ambiciosos salen del clóset, donde analiza los pro y contra de la ambición. Del artículo me llamó poderosamente la fuerza del siguiente párrafo:
un estudio de la escuela de negocios de la Universidad de Harvard que consultó qué harían con sus vidas a 1.500 estudiantes que concluían un MBA: el 83% respondió "ganar dinero" y el 17% restante que se dedicaría a algo que le diera "satisfacción y realización personal". Veinte años después, 101 de los encuestados habían llegado a ser millonarios. La sorpresa es que cien de ellos pertenecían al 17% que no tenía como objetivo principal en su vida ganar dinero.
El artículo también indica que la ambición también se aprende, y que para ello se requiere ir contra el sentido común imperante de lo que entendemos por ambición. La fuerza de la encuesta valida la tesis de muchos post en que hemos centrado la necesidad de soltar la mirada en los resultados, un enfoque de corto plazo, y
enfatizar la necesidad de centrarse en el hacer, los procesos, y en el Ser y su potencial para aprender en campos que no parecen obvios,
como la habilidad de escuchar,
el conocernos a nosotros mismos, Como hemos conversado en nuestra comunidad de aprendizaje sobre
diseño de carrera, la carrera surge de la ambición de querer servir a otros a satisfacer sus inquietudes. La ambición de desarrollar mis habilidades para ser útil a otros parece ser un buen camino para tener el éxito que queremos tener. La mejor forma de tener es Ser, como se muestra en el diagrama que uso en muchos talleres y que se la debo a
Fredy Kofman