Mientras uno habla, el resto conversa, lee, o habla por celular, así describen los nuevos diputados la impresión que se llevaron al incorporarse al Congreso, en el artículo que publica la Revista del Sábado de El Mercurio. No nos escuchamos (respetamos escucho) mutuamente, afirma uno de los nuevos diputados que aparecen en el reportaje.
Lo conecto con mis clases de gestión en FLACSO, y la extrañeza y resistencia inicial que genera en los alumnos el que establezcamos, y haga cumplir, reglas tendientes a hacer más efectiva la clase y el aprendizaje deseado. No basta una clase para generar la aceptación de reglas para la clase, reglas que pueden extrapolarse a la mayoría de las reuniones y que están basadas en el respeto mutuo, estar a la hora, escucharnos, no perder el foco de la conversación, etc, Y reglas, que, en la experiencia de las organizaciones que las aplican, generan respecto entre los integrantes del equipo y mayor efectividad de la reunión y por tanto de los objetivos de la organización.
Conversando con los alumnos sobre su propia experiencia, indicaban su frustración por la mayor parte de las reuniones en que participan, su queja de las personas que sólo se escuchan a si mismos, y como estas conductas que observamos en las reuniones, tienden a ser sólo una respuesta sistémica de los participantes frente a las personas que sólo se escuchan. Se genera así un círculo vicioso, del cual nadie parece saber salir y que todos sufren en silencio.
Y la reflexión con el respeto y la efectividad organizacional me llega de la lectura del libro de David Fischman sobre el liderazgo transformador, en que indica que para que una organización genere respeto, debe haber respeto entre sus integrantes
Claramente los parlamentarios desean que la comunidad los respete, y posiblemente no vean que ese resultado no es posible lograrlo, si no pasan por el proceso de respetarse entre ellos
Y si queremos tener respeto de las personas que nos rodean, podemos preguntarnos cuanto nos respetamos a nosotros mismos






