
El post
Los golpes en la vida. Viviendo el duelo, me permitió tener nutritivas conversaciones, varias en el blog, y otras personalmente, y generar una reflexión sobre el rol de las comunidades a que pertenecemos en momentos como estos. Me parece evidente reconocer que las comunidades a que pertenecemos nos ayudan en los golpes que recibimos, lo que aprendí es que dependerá de la forma como hemos aprendido a vivir con esas comunidades, el beneficio puede ser muy distinto. Para ello usaré las cinco etapas que visualizaba en mi post anterior:
- La negación. Un amigo que había pasado por el despido de su empleo, me indicaba que en este periodo, no estaba abierto a nada que le hiciese ver la realidad; cuando un amigo le indicaba que era irreversible, su reacción era violenta. Otro amigo me indicaba que una comunidad a la cual el pertenecía, lo había enfrentado y literalmente obligado a enfrentar su situación de quiebre matrimonial que el no quería ver; para ellos había sido muy duro hacerlo, lo habían hecho por que así entendían su pertenencia, y se habían comprometido previamente a actuar de esa manera en caso de quiebres que afectaran a uno de sus miembros. Me pareció una forma poderosa de entender las comunidades.
- La rabia. Creo que el razonamiento es similar, mi amigo que había sido despedido, no estaba abierto a ninguna conversación que no fuese desprestigiar a las personas que lo habían despedido. En otro caso, en una conversación, una amiga, me ayudó a usar esa rabia en fuerza, focalizándome en acciones que me servían para colocarme en la acción. Nuevamente, la diferencia de la forma como hemos construido la comunidad hace una gran diferencia. Una experiencia que me ayudó en esta etapa es practicar distintas disciplinas de ejercicio físico, eso ayuda a tener un cuerpo que permite focalizar y no a desbordarse.
- La aceptación, la pena. Acá tuve un gran aprendizaje, la dificultad que tenemos algunos, especialmente los hombres en aceptar la pena, y desde ahí aceptar la compañía y el afecto. Como dijo un buen amigo, en momentos duros, nos damos cuenta lo que nos cuesta recibir cariño y también nos damos cuenta lo que nos gusta sentirnos queridos. Esta frase me gustó, y empecé a hacer y observar el ejercicio de dar y recibir afecto, descubrí lo que nos cuesta expresar el afecto, y el impacto y la cercanía que genera el pedirlo. Lo practiqué como ejercicio y me gustó el efecto que produje en los otros y en mi mismo. Como expresé en otro post, los seres humanos somos seres de amor, este lo necesitamos y lo pedimos de diferentes formas sin tomar conciencia de ello.
- La confusión. En esta etapa, creo que es relevante tanto el poder de las comunidades a que pertenezco como mi grado de apertura a escuchar. Un amigo que me admira por su capacidad de generar redes, al mismo tiempo me asombra en su dificultad en abrirse a las posibilidades que sus amigos le muestran de sus redes. En esta etapa, recuerdo que para mi fue importante el abrirme a fortalecer mis redes y buscar nuevas redes.
- La ambición. En esta etapa estamos de lleno en la creación del nuevo proyecto, y nos encontramos sumergidos en la construcción de las nuevas redes, redes que nos son útiles cuando el nuevo golpe nos llega. Y cuando el nuevo golpe llega, para mi fue estimulante constatar que había ampliado mis redes en forma significativa. Una nueva amiga, en una sesión de coach, me graficó la nueva ambición con esta frase. El golpe que te pasó te hace mejor coach, y eso me sirve a mi. Un excelente ejemplo para usar nuestros fracasos
Construir redes y darles poder para que nos apoyen significativamente en los golpes, es una habilidad que podemos y necesitamos desarrollar.