Me llega una invitación de facebook por un dialogo sin violencia, no puedo estar más de acuerdo en ello, y me uno al grupo
Sin embargo, tengo la sensación que no basta, los violentos no dejarán la violencia por mas o menos llamados que hagamos, y recuerdo que la enseñanza de las artes marciales generan seres pacíficos. Parece una contradicción, pero funciona, la violencia se detiene en base a generar fuerza en nosotros para enfrentar la violencia.
Me viene a la mente las campañas contra el bulling, generalmente se centran en culpar y aislar al violento, y en generar en las víctimas la necesidad de no aislarse y comunicar el hecho.
Me surge la pregunta que pasaría si además de predicar contra la violencia, enseñamos a las personas a cuidarse por sí mismas, a cuidar su dignidad, su capacidad para pararse de frente, de denunciar. Y me queda claro que esto no se enseña de un día para otro, y sin ejercitar el cuerpo en la práctica, como en las artes marciales, puede demorar tiempo, pero funciona.
Según mi maestra, se trata de desarrollar en nuestro cuerpo, los músculos de la emoción de la rabia, juega como una vacuna contra la violencia del otro. Me cuenta de experiencias con pobladoras que poniéndolas en contacto con su fuerza, disminuyeron fuertemente la violencia intrafamiliar que sufrían.
Sólo cuando corporalmente sentimos la fuerza, podemos parar la violencia del otro, eso implica no vivir en el miedo, no porque el enemigo no exista, sino porque confiamos en nuestra propia fuerza, una fuerza que no es física, sino emocional.
Una fuerza basada en la seguridad en nosotros mismos, una fuerza que se basa en la seguridad que no importa perder una pelea, pues sabemos levantarnos, la seguridad que no importa perder el empleo, pues por nuestras calificaciones conseguiremos otro, una fuerza que no acepta el desprecio de otro, porque sabemos que somos seres atractivos para muchos otros
Una fuerza que no engancha con la ironía del otro ya que sabe que viene de su miedo, una fuerza que no se afecta por la histeria del otro, ya que sabe que el otro requiere hacerse responsable de sí mismo, etc. Es un camino que he seguido y he podido experimentar su fuerza
Y al igual que los que practican artes marciales, nuestro compromiso además de desarrollar en nosotros nuestra fuerza, nos podemos comprometemos a no iniciar la violencia contra otro ni contra sus bienes.








Raúl, creo que el llamado que haces a este compromiso es maravilloso.
Sobre el Bullying, en mi experiencia dentro del colegio, una de las cosas que funcionan para frenarlo es enfrentar a los chicos de frente en situaciones igualitarias, eso fue algo que aprendí por mi paso por las artes marciales.
Porque así el que se sentía débil se da cuenta que puede no importando que pierda, no sentirse derrotado o fracasado; mientras el que se sentía fuerte ya no se siente tan motivado a ejercer esa fuerza sobre otros cuando vivencia el mismo lo que es recibir un golpe.
Hay que educar a nuestros cuerpos a sentir si puedo actuar con violencia y ser eficiente en su administración, pero no quiero y me niego a usarla pues no quiero que el otro sufra.
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OK. Podría rendirme ahora, pero...
¿Qué haría mañana?