Después de escribir mi post sobre las competencias relacionales requeridas en la innovación, citando dichos de Andrés Navarro y Sergio Melnick, me sorprendió gratamente encontrarme con las excusas de este último por su broma sobre Eduardo Bitrán.
Me hace reflexionar sobre el cuidado que tenemos en nuestras relaciones con nuestras bromas, estas a menudo, son a costa de la identidad del otro, por supuesto que no lo hacemos con malas intenciones, si usualmente desde las ganas de agradar a nuestra audiencia, trivializando la situación, y donde una mayor conciencia al daño que causamos podría evitar este.
Esta trivialización de la situación, usualmente tiene un costo para el proceso de aprendizaje. Cuando entramos en el espacio de aprendizaje, por definición estamos en una zona donde tenemos pocas competencias, y eso nos puede generar incomodidad, genera la tensión que requiere el aprendizaje
Si aceptamos la incomodidad, la tensión, como reflejo de nuestra falta de competencias, el proceso de aprendizaje empieza, si por el contrario, no lo aceptamos, detenemos el proceso. Y una forma muy usual que conozco de salir de esa zona de incomodidad, al menos en Chile, es trivializando la situación, con la talla oportuna, que hace reír a todos, y que baja la tensión, el proceso de aprendizaje se detiene.
Se requiere que la persona que conduce el proceso de aprendizaje esté muy atenta a la situación y mostrar el fenómeno para que se pueda retomar el ritmo de aprendizaje buscado.
En el caso que comentamos, si Melnick, en vez de trivializar la situación con su broma, hubiera visto la oportunidad de aprendizaje que se generaba, podría haber dicho lo que dice más tarde, "Eduardo Bitran no sólo me habla y escucha, sino que siempre ha sido especialmente atento y cordial conmigo. Más aún, en Tolerancia Cero celebré públicamente su nombramiento, que lo considero un gran acierto del Gobierno"
Hubiese generado una instancia de aprendizaje para la audiencia, hubiese sido honesto y habría hecho honor a la deferencia que le ha mostrado Bitrán. Una bella oportunidad perdida








Como que algo me falta con esto de echar la talla; es como que en Chile nuevamente, las situaciones públicas están cargadas de algo tenso, que tiene que ver con culpa, exigencia, gravedad, no lo se, que hace tremendamente atractivo echar la talla, pues libera esa tensión al menos por un rato. Si echamos la talla todo el rato, saboteamos completamete los objetivos del evento, pero lo pasamos chancho, es decir, logramos relajarnos.
Igual compro lo que dices de la incomodidad del proces de aprendizaje, completamente.
Saludos