Gestión Holística

Una aproximación a la efectividad y bienestar en las organizaciones

Raúl Herrera Labarca
ene
30

Procesos no estándarizados, confusión generalizada

Enviado por Raúl Herrera Labarca el 30/01/2007 a las 17:50
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En los esfuerzos de satisfacer al cliente, es posible observar que las empresas se saltan los procesos que ellas mismas se han dado con ese objetivo. La intención es sana, el resultado deplorable. Las personas responsables de los procesos están a nivel más operativo, y las personas que piden romper esos procesos para satisfacer a esos clientes, y tienen la autoridad para hacerlo, están en los niveles superiores. Así la señal que se entrega es contradictoria, sean eficientes y mantengan los procesos y al mismo tiempo, rómpanlos para satisfacer al cliente.

Cada día me parece más válida la recomendación de la calidad total que nos aportó Japón, no se deben mejorar los procesos que no han sido estabilizados, y para estabilizar los procesos, es fundamental el cuidado que se pone en fijar los estándares y la disciplina y rigurosidad en cumplirlos, fuera de los cuales se considera excepción, aquello que amerita un tratamiento especial, y es donde el jefe interviene.

Y he observado que la mayor confusión viene precisamente asociado al bien intencionado deseo de satisfacer al cliente, cuando aún no se tienen procesos estandarizados, y se fijan estándares desde un Deber Ser que no se basa en las cifras de lo que hoy es posible.

Si el estándar es muy alto, el jefe debe intervenir en todo, y el proceso no se puede estabilizar, si el estándar es muy bajo, como era posiblemente al inicio del proceso, la discrecionalidad es muy alta, y el jefe pierde la capacidad de mirar el proceso y de innovar con la mirada en el cliente, y se ve tentado a solucionar los casos, caso a caso, con lo cual destruye el proceso que quiere crear.

Aunque parezca contradictorio, la satisfacción del cliente en procesos repetitivos, empieza con la necesidad de estandarizar procesos, y ello lleva a poner límites a ese cliente que se quiere satisfacer, una vez que el proceso está estabilizado, el cliente confía en nosotros, y la jefatura puede identificar las excepciones al proceso, y desde ahí iniciar un proceso de mejora continua.

De otra forma de genera confusión en el cliente y el personal a cargo de los procesos, que a su vez no se sienten empoderados con el mismo. La ilusión de saltar etapas en la satisfacción del cliente, sin rigurosidad en los procesos, genera mayor confusión

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Rodolfo Torres-Rabello
Rodolfo Torres-Rabello el 03/02/2007 a las 8:37
En una serie de entrevistas televisadas ("la Biblioteca Deming"), el Dr. W. E. Deming alertaba sobre el tema que muy acertadamente Raúl nos pone en el tapete. Deming no llamaba a mejorar procesos, sino a cambiar el sistema. La diferencia es clave: Si cambio un proceso, el resto del sistema continua inalterado. Una gota de orden en un océano de caos no hace la diferencia. Deming tenía palabras duras: "Hay que tirar por la borda el antiguo sistema", decía. Hay una trampa en esto de "satisfacer al cliente" a toda costa. En el océano de caos, satisfacer al cliente atolondramente puede significar más caos. Al revés, satisfacer al cliente debiera significar escuchar su voz, filtrarla (el cliente es rey, pero a veces el rey es ciego o anda desnudo), traducirla a atributos del producto o servicio, llevar todo esto a características de los procesos y así, incesantemente. No satisfacer al cliente reactivamente, sino diseñar el proceso para que lo satisfaga de manera estable una y otra vez. Deming nos alertaba sobre el peligro de actuar irreflexivamente sobre procesos inestables (o fuera de control estadístico), tomando medidas equivocadas. Confundiendo, por ejemplo, una causa especial con una causa común de variación y vicecersa. Errores tipo I y II. Un ejemplo típico es que la Gerencia intervenga y tome decisiones en problemas que los propios empleados deben resolver. Pero también se comete un profundo error actuando sobre procesos bajo control estadístico, confundiendo su variación natural con una variación especial. En otras palabras, echándole la culpa a los empleados de cosas que sólo la Gerencia puede cambiar. Deming nos recuerda que la mayor parte de las causas que nos dan dolores de cabeza son responsabilidad de la Gerencia. La Gerencia quiere cambiar las cosas, actúa reactivamente, recibe un requerimiento de un cliente, adopta decisiones por excepción para satisfacerlo, altera las prioridades, cambia las rutinas, cunde la confusión, aumenta el caos.

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