Desde que me integré a estos grupos que organiza la revista Desafío,
me he hecho la reflexión sobre el rol que estos cumplen para los que
participamos.
En estos grupos, en cada uno de los cuales participan de 10 a 15 personas, normalmente empresari@s y ejecutiv@s, siguen una metodología diseñada por sus fundadores Pedro Arellano y Denis Gallet, se reúnen una vez al mes por un espacio de 4-6 horas. Los fundadores, o alguna persona que ellos nombran hacen el rol de facilitador de la reunión
Cada participante cuenta en que ha estado desde la última vez que nos reunimos. El nivel de las participaciones es muy diverso, los hay que cuentan situaciones que me parecen superficiales, otras que me parece que alimentan su ego, otros que cuentan situaciones que los tienen contentos, y otros situaciones que los tienen complicados. En la medida que pasa el tiempo, las conversaciones con apertura, tienden a ser más frecuentes.
Y aparece una característica fundamental, se escucha sin interrumpir, sin emitir juicios, ni por parte de los participantes, ni por parte de los facilitadores.
A continuación, no siempre, uno de los participantes que previamente ha indicado su intención en tal sentido, expone una situación que lo complica, nuevamente no es interrumpido ni le emiten juicos.
Una vez terminada la exposición, cada participante le escribe una carta al expositor en que le muestra su visión de lo que ha expuesto. La carta la lee y la entrega al expositor quién las recibe sin entrar en replicas, generalmente he visto agradecimientos expresados con mucha emotividad.
En la experiencia que he tenido, veo que efectivamente se entregan puntos de vista muy diversos, muchas veces no considerados por el expositor, en algunos casos se entra a dar consejos, pero son los menos. Se va generando una sensación de intimidad, donde las personas se permiten ser el Ser que son.
Y la sesión termina con un invitado que seleccionan los facilitadores, en un año de experiencia ha habido gran diversidad, testimonios de personas que hacen un trabajo social muy destacado, personas destacadas que aportan una experiencia enriquecedora, personas que aportan una visión país, etc.
La metodología es simple, si bien los fundadores se sienten orgullosos de su inspiración católica, y eso necesariamente genera un sesgo, no he sentido proselitismo. Los participantes indican privilegiar su asistencia a estas reuniones, y el alto nivel de concurrencia así lo demuestra.
Mi sensación es que se hacen cargo de un dolor, una insatisfacción que es corriente encontrar en ejecutivos, la sensación de soledad del poder, y aquí encuentran un espacio donde expresan sus inquietudes y son escuchados con respeto. No es un espacio para hacer negocios, es un espacio de creación de intimidad, donde cada persona encuentra su espacio para ser simplemente el ser que es.
No lo veo como un espacio de aprendizaje organizacional, si un espacio de contención que facilita el aprendizaje transformacional. Me evoca la creación de la conectividad emocional que indica Marcial Losada como la clave para los equipos de alto rendimiento.
Una invitación a ser parte de este tipo de equipos, ya sea en el lugar de trabajo, o en espacios como los que ha generado Desafio







