En momentos que aún Barack Obama nos sigue sorprendiendo y
maravillando, me sigue interesando la pregunta por los procesos que Obama
sigue, para poder lograr lo que hace, me parece que no basta manifestar nuestras alabanzas, sino que poner un acento en la reflexión de sus procesos.
En Pegasus, me encuentro con este artículo que apunta a una posible clave. Se plantea la pregunta ¿los presidentes que se comportan como “aprendices” son más exitosos de aquellos que se comportan como “sabelotodo”?
Y analizando las orientaciones al aprendizaje de varios presidentes norteamericanos, incluyendo a Obama, el artículo de Brian Hink identifica una distinción crítica. El artículo completo puede verse acá.
Los Presidentes con una vocación de aprendizaje, han tratado de transformarse ellos mismos, mientras aquellos calificados de “sabelotodo” han perseguido cambiar a otros para que apoyen los resultados que ellos desean.
Como regla general, los sabelotodo hacen progresos de corto plazo por medio del llamado a otros a que cambien, mientras ellos permanecen sin transformarse. Sin embargo para logar resultados de largo plazo, una persona, o un conjunto de ellos debe transformarse a sí mismos, para así poder enfrentarse a circunstancias volátiles con una gran capacidad de responder
Basado en algunos criterios básicos, Obama parece posicionado para abordar los desafíos del país desde una posición de aprendiz, y llamar a los ciudadanos a asumir la responsabilidad de ayudarlo en la construcción de un mejor futuro para todos.
Me resuena a la habilidad de reconocer que estamos frente a una situación compleja, donde las recetas, lo que sabemos hacer, en muchos casos deja de funcionar. Y la reflexión me lleva hacia el estilo de nuestros candidatos donde los veo más interesado en mostrar que ellos saben lo que es necesario hacer, versus ofrecer ser los articuladores de una búsqueda colectiva de soluciones.








Muy buena reflexión. Me es tan difícil imaginar un candidato local más abierto al aprendizaje que a tener la razón. Nuestra soberbia es un lastre grande que nos impide crecer. Cuantas veces he dejado de crecer y con ello impedido que quienes trabajan o convivan conmigo crezcan por simplemente querer tener la ultima palabra y afirmarme de la seguridad de mi discurso. Cuantas veces vemos esto mismo replicado en otros, a todo lo largo de nuestras organizaciones. Crecer como organización requiere que nos permitamos crecer como personas. Pareciera ser el camino más llano, cada día lo creo más.