A partir de las declaraciones del Ministro Vidal, en su calidad de testigo por el nombramiento de un cargo en Chile Deportes, se ha generado un debate sobre el cuoteo, algo que a nadie le gusta, y que nadie reconoce que lo haya practicado, y un equilibrio político, algo cuya utilidad y legitimidad pocos niegan.
Se reproduce así una forma de dialogo que a nada conduce, cuando queremos defender nuestras acciones, usamos equilibrio, y cuando queremos atacar al adversario, usamos la palabra cuoteo.
Si entendemos por cuoteo, la designación desde el partido político de un cargo público, y lo diferenciamos del equilibrio político, esto es, la recomendación de personas para determinados cargos en forma ajena a las competencias del recomendado para el cargo, se nos hace mas fácil la conversación.
Lo que se me escapa en el debate, es por un lado la responsabilidad de los nombramientos y de los resultados que las personas nombradas generan, ya sea que los nombran por recomendación, por amistad, o directamente porque así se lo indica el jefe del partido político de turno, o el parlamentario, o incluso su superior jerárquico.
Y si miramos el fenómeno por el lado de la responsabilidad, es más fácil el análisis. No se trata si hubo cuoteo o equilibrio, el tema es que lo que hubo fue un nombramiento que generó resultados indeseados, y la persona que lo nombra no asume su responsabilidad por ese nombramiento
Si a cualquier cargo, público o privado, le exigimos que sea responsable por las personas a su cargo, por tanto, no se le puede imponer ningún nombramiento.
Una práctica por cierto poco común en el sector público, donde el Presidente le nombra a cada Ministro, su Subsecretario, y en varios casos, sus jefes de Servicio, y así es posible que el Ministro tenga poca influencia y capacidad de dirección de su accionar. Una práctica como indica Ernesto Tironi, afecta la calidad de los servicios, y desmotiva a los funcionarios responsables.
Estas consecuencias, por cierto, también se dan en el sector privado, en empresas familiares, o simplemente autoritarias, donde es corriente que se impongan a jefes, determinados cargos bajo su responsabilidad.
Otro tema distinto es por cierto el equilibrio, donde cualquier gestor reconoce la multiplicidad de los actores relevantes para el éxito de su organización, y genera, y valora, los equilibrios correspondientes. Hoy hablamos de la necesidad de los equilibrios hombre-mujer, podemos hablar del adecuado equilibro de fuerza con experiencia, en USA podríamos hablar de la presencia de las minorías, etc. Y por cierto también los equilibrios de poder se dan al interior de las empresas privadas.
La multiplicidad y su equilibrio contribuye a ampliar la mirada, en cambio la homogeneidad, por ejemplo todos los ejecutivos de un mismo colegio, o de la misma Universidad, si bien pueden llegar a acuerdos más rápidos, también pueden generar una mirada mas sesgada. El equilibrio por cierto es la base de programas como Tolerancia Cero, donde este tema se trató el domingo pasado.
Para disminuir el cuoteo, y sus efectos nefastos, veo dos líneas de acción que deben actuar en conjunto:
- Todo nombramiento no puede ser causal para que una Jefatura eluda la responsabilidad de los resultados. La Jefatura es siempre responsable de los resultados, ya sea que eligió personalmente sus subordinados, que aceptó recomendaciones, o incluso que aceptó la sugerencia del Sistema de Alta dirección Pública
- Las Jefaturas de partidos políticos, y parlamentarios deben firmar un código de ética donde se comprometen a no presionar por el nombramiento de ningún cargo. Esa declaración debe estar en una página web con la posibilidad que los ciudadanos hagan denuncias para poder investigar esas anomalías, generando transparencia en el debate.
Por una gestión en base a la responsabilidad de los resultados y por tanto de la gestión, y por los equilibrios que favorezcan la gobernabilidad de las organizaciones








Raul,
Muy interesantes tus aportes.
Qué bueno que tambien consideres que este es un tema fundamental para la modernización del Estado que necesitamos.}
El punto central no se da tanto a nivel de Ministros y Subsecretarios, en el sentido que esos son cargos más políticos. Pero a nivel de un un administrativo (cajero, revisor de proyectos, supervisor) tiene que aplicar un procedimiento.
La persona que ha sido nombrada por recomendación de un dirigente político tiene necesariamente un jefe distinto al de su superior jerarquico en el Estado. Y quien haya aceptado ese tipo de nombramiento dejó de dirigir su repartición pública. El perjudicado es el ciudadano que va a recibir un servicio deficiente. Y ese va a ser el más pobre que debe recurrir al Estado. ¿e qué equidad me hablan los que quieren más Estado en esas condiciones?