El ingreso del nuevo ejecutivo ha sido cuidadosamente planeado, se le ha encomendado la selección a una prestigiosa firma que recluta personal, y el seleccionado es un experto en el tema. Al poco tiempo escucho la preocupación de su jefe, el nuevo ejecutivo no hace su pega, está preguntando demasiado. El Jefe no puede concentrarse en otros temas, como esperaba con esta nueva contratación.
Abrimos la conversación. El nuevo ejecutivo no tenía la intención de delegar hacia arriba, sólo quería tener la seguridad de estar orientado dentro de las políticas de la empresa, especialmente cuando esta no le sonaba coherente.
La solución encontrada fue simple: recordamos las labores del jefe hacia su personal, como indica Peter Senge en La Quinta Disciplina, diseñar, entrenar, y servir, y nos dimos cuenta que no se había generado una práctica para el entrenamiento, este se confundía con delegar hacia arriba.
Acordamos dos sesiones a la semana, en que el nuevo ejecutivo traía sus inquietudes y su jefe le mostraba como él las solucionaría. Así se avanzaba en la solución de los casos, el nuevo ejecutivo aprendía, y el jefe tenía clara conciencia que estaba en su rol de enseñar, y no haciendole la pega a su subordinado.
Indicar, declarar, el proposito de las reuniones nos ayuda a mejorar la eficiancia de las mismas, disminuyendo la ambiguedad inherente a los nuevos nombramientos.






