En un taller, hice la pregunta por la evaluación que los empleados tenían de la calidad del dialogo entre dos distintas unidades. Los resultados no fueron concordantes, y en general la calidad del dialogo fue mal evaluado. Surgió entoces un reclamo de cada uno de los grupos alegando por la mala calificación.
El Gerente de la empresa, interrumpió el incipiente debate manifestando su alegría. A la empresa le iba bien, tanto sus resultados como su cuota de mercado, habían ido subiendo, y ahora identificaba una oportunidad de ser aún mejores. Vió el vaso medio lleno y no el vaso medio vacío. Miró la oportunidad, y no se molestó por lo que faltaba.
Previamente habíamos conversado, sobre uno de los paradigmas que posiblemente sean uno de los que mas afecta el desarrollo de la gestión; el tratamiento de los defectos. En Occidente tienden a ocultarse, mientras en Oriente los reciben bien, considerando la oportunidad de mejora que implican.
Indicabamos que este paradigma parece prevenir de los griegos, donde se mataba a los mensajeros que traían las malas noticias para complacer a los dioses.
Este mismo fenómeno se refleja en los procesos de evaluación, donde los empleados reclaman cuando no tienen la nota máxima, o en clases donde los alumnos hacen lo mismo. La nota máxima indica que no hay nada mas que aprender, el aprendizaje se detiene.
Como decíamos en post anterior, es la reflexión sobre nuestros fracasos la mayor fuente de aprendizaje, y al mismo tiempo, poner el enfasís en lo que podemos aprender, en vez de lo que nos falta. Nos genera una actitud positiva, optimista, que es una de las caracteristicas de los equipos de alto desempeño
Mirar el vaso medio lleno nos hace ser mas efectivos y pasarlo mejor en la vida






