En una empresa que he apoyado a crear un blog corporativo, tenemos una sesión destinada a explorar su poco uso.
Partimos creando la visión de la utilidad que ese blog les puede generar y se crea un fácil consenso de todas las ventajas que su uso traería.
- Información amplia acerca de los negocios que sea útil para nuestro quehacer
- Generar aprendizaje a partir de nuestras experiencias
- Conocer, participar, en la creación del futuro de nuestro equipo
- Sentirnos parte de la empresa y de su futuro
- Tener a la mano el máximo de información que requiero para mi trabajo
- Sentirme parte de una comunidad que va mas allá del trabajo
El tema cambia cuando la pregunta es por los compromisos de cada uno para escribir en ese blog, estos cuestan más y la dificultad queda más en evidencia cuando uno de los asistentes plantea que debe ser obligatorio el escribir en el blog, esto me causa sorpresa, ya que habíamos hecho el diseño con la misma inspiración de los blogs individuales, una oportunidad de dar a conocer lo que hago, y quién soy, una oportunidad de crear identidad
Al indagar más, la persona deja ver que sólo está dispuesta a escribir si el resto lo hace, le indico que me suena a chantaje, y no le gusta la expresión. Al final nos queda en claro que si condicionamos la participación nos lleva a la parálisis, y cada persona del equipo se compromete a indicar a que está dispuesto a comprometerse
Me quedo con una sensación de falta de entusiasmo, uno de los participantes indica que se sintió presionado, y me queda la duda si la participación, como hábito a crear, no debiera en su inicio un mayor estimulo. Recuerdo que el creador del movimiento budista Shambhala, Chögyam Trungpa Rinpoche, inicialmente le pagaba a su hijo Sakyong para que se sentara a meditar, hoy este dirige el movimiento.
Si lo dejamos libre, pareciera que opera el dilema del prisionero, “donde cada jugador obtendría un resultado mejor si colaborase, pero cada jugador está incentivado individualmente para defraudar al otro, incluso tras prometerle colaborar.”
Como dice la explicación en Wikipedia, “En el dilema del prisionero iterado, la cooperación puede obtenerse como un resultado de equilibrio. Aquí se juega repetidamente, por lo que, cuando se repite el juego, se ofrece a cada jugador la oportunidad de castigar al otro jugador por la no cooperación en juegos anteriores. Así, el incentivo para defraudar puede ser superado por la amenaza del castigo, lo que conduce a un resultado mejor, cooperativo.”
Me queda la pregunta de cuales son las condiciones organizacionales que debemos generar para no caer en el dilema del prisionero







Hace nueve años me toco participar en la Empresa que trabajaba en ese entonces en la migración del sistema AS 400 a la plataforma de SAP, ello impulsado por el cambio de milenio. Recuerdo muy claramente cuando ya estábamos en la fase de capacitación a los usuarios internos que el Gerente General de la Empresa reunión a todos los empleados y les dijo que les tenía dos noticias que entregar.
La primera era que la implementación de SAP iba a provocar una importante ganancia de eficiencia que apuntaba a mejorar la posición competitiva de la Empresa y, la segunda, que aquellos que no aprendieran a trabajar en SAP iban a tener que dejar la Empresa.
A partir de ese día, prácticamente se eliminaron las conversaciones tóxicas respecto al uso de SAP y casi la totalidad de los empleados se enfocaron en el proceso de aprendizaje de este nuevo sistema. El resultado fue que el cambio de prácticas se llevó a cabo con gran éxito, incluso en esa época para SAP resultó un ejemplo de trabajo bien hecho.
En lo personal, se me hizo patente que los liderazgos que apuntan a cambios de prácticas son una mezcla de seducción y ordenes. El arte consiste en saber usar ambos en su justa medida para generar cambios en la cultura de una empresa y, probablemente en muchos otros dominios de la vida.
Saludos,
Gilles