Esta frase la escuchamos corrientemente en nuestras conversaciones y se repiten en mis conversaciones de Coach.
Pareciera que vivir en el agobio es una de las características de nuestra época. Sin embargo, cuando empiezo a entrar en la conversación queda claro que a lo que llama cansancio, no es un cansancio físico, sino que un cansancio emocional, espiritual.
El confundir ambas sensaciones y darle una misma palabra tiene consecuencias, ya que las acciones en uno o otro caso son totalmente distintas.
El cansancio físico se origina por una actividad física mayor que nuestra práctica habitual, el cuerpo se resiente, y sabemos que parando la actividad física, descansando, el cuerpo se recupera y nuevamente estamos en condiciones de movernos. Cuando hacemos el juicio de cansancio, nos referimos a algo que hemos hecho en el pasado.
El cansancio emocional , espiritual, es distinto, no viene de lo que hemos hecho sino de la convicción que seguiremos haciendo, o seguirá pasando, una actividad o situación que no nos agrada. Por tanto, más que un juicio sobre nuestra actividad del pasado, refleja un juicio sobre el futuro y sobre nuestra incapacidad de cambiarlo. Es un juicio de resignación.
Es una resignación a vivir la vida sin pasión, en ese espacio en que vivimos algo depresivos, en que perdemos la capacidad de mirar lo que nos pasa y la vida transcurre en forma plana.
Deepak Chopra en su conferencia indicaba que la vida es una serie de eventos, no es un continuo, y estar atento permite percibir esas discontinuidades, y aprovechar las posibilidades que estas generan.
Aprender a vivir la vida, mirando y gozando los aspectos que nos dan satisfacción, y mirando los aspectos instatisfactorios sin resignación, parece ser un camino espiritual posible







