Recibo la invitación a hablar de mi terremoto, me cuesta, siento que he vivido en un aturdimiento con un bajo nivel de conciencia.
Empieza el terremoto, digo a Carolina que me acompaña, ¿o a mi mismo? esto ya va a pasar, y lo digo recurrentemente sin atinar a moverme de la cama, siento el ruido de objetos que se caen. Antes que termine de temblar Carolina ya se ha comunicado con sus hijos y les pide que vayan donde su madre, me pide que la acompañe. Antes de irme, coordino con el conserje el corte de gas del edificio.
En el camino vemos gente en las puertas de sus edificios, la luz de la luna llena la oscuridad de la noche, las radios sólo transmiten música, al llegar a Pedro de Valdivia, veo semáforos encendidos, comento que es una señal de alivio. Trato infructuosamente de comunicarme con mis hijos.
En casa de la madre de Carolina, escuchamos las primeras noticias en una radio a pilas que la señora tiene listo para este tipo de situaciones y logro comunicarme con mi nuera Francisca, estaba en San Alfonso, Algarrobo, con sus cinco hijos, mi hijo Eduardo en USA, ella sale del edificio con los cinco niños a cuesta, un camionero se acerca y le indica que se ha conmovido al verla en esa situación y le ofrece subirlos a su camión, ordenan evacuar el edificio, y el camionero le ofrece llevarlos a casa de unos amigos en la parte alta, llega allá y después de conversar dos minutos con los dueños de casa,estos les dan albergue, colchones en el suelo y leche para los niños y café para ella. Envío un mensaje de texto a Eduardo en USA.
Regreso a casa, y sorprendemente tengo luz, TV y banda ancha, puedo seguir las noticias. Constato que los daños propios son mínimos, sigo tratando de comunicarme con el resto de mis hijos y ya a mediodía se que todos están bien. Empiezo a sentir una gran incomodidad y dolor, constatar el dolor que veo y la imposibilidad de no saber que hacer, salgo a caminar, veo locales abiertos con grandes colas comprando alimentos. Me abstengo de comprar
Me entero que mi consuegro el padre de Francisca, estando en Viña, partió directamente a Algarrobo, y después de muchas vueltas logra ubicarlos y organizar su traslado a Santiago. Me impacta positivamente su capacidad de acción, y me pregunto que tan despierto estoy.
Pierdo la banda ancha y el teléfono, sigo viendo TV a través de la televisión abierta, me siento molesto con la reiteración de las malas noticias, y lo que veo como falta de acción, me pregunto por que no escucho ninguna noticia de lo que están haciendo las fuerzas armadas.
El día siguiente lo uso en visitar a mis hijos y nietos, escuchar sus historias, contener, y empiezo con una banda ancha móvil a interactuar en la red, me declaro interesado en recatar los ejemplos, y veo que muchos entran en lo mismo, me emociona ver que el conserje de mi edificio llega el sábado con poco atraso, pese a los problemas en su casa y la falta de locomoción, la capacidad de acción de mi consuegro, muchas historias de personas que se presentan de inmediato en sus lugares de trabajo, la bondad de ese camionero y de la familia que acogió a mi nuera, la historia de la niña en Juan Fernandez, etc.. Me refuerza un mensaje que envia Marcial Losada, que llama a destacar las buenas noticias, refuerzo la labor que me asignado en Facebook, y en las comunidades en que participo y que poco a poco empiezan a articularse
Mi molestia por la reiteración y abuso de las malas noticias y la falta de acción que percibo, crece fuertemente cuando empiezo a escuchar las noticias de descoordinación, acusaciones, dudas en pedir ayuda a los que saben y se transforma en indignación, dolor y miedo cuando escucho y veo las noticias de los saqueos, y me sorprendo negativamente cuando veo los que lo justifican
Buscando lo positivo frente al dolor de los saqueos, me encuentro con la cita que hace Juan Vera de un diario español en Facebook y que reproduzco ampliamente, y lo incluyo en esta historia de mi terremoto
"incluso en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, los seres humanos preservamos la capacidad de elegir la actitud con la que afrontamos nuestras circunstancias. Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino para decidir su propio camino" Víctor Frankl.
Esto fue lo que sentí ante las imágenes de TVN de esta mañana cuando saqueaban las bodegas de Líder cientos de personas y una madre y una hija se abrazaban en un extremo de la imagen llorosas. Amaro Gómez Pablos les preguntó qué les pasaba. La madre respondió que les habían dicho que estaban regalando provisiones.
¿Y van a entrar?. No dijo la mujer, si era regalado bien, pero no vamos a robar. Ya encontraremos la forma. En ese momento sentí una lección de infinita potencia.
Leo la columna de John Muller del Mundo de España y de Villegas en La Tercera, y me queda la sensación que en Chile tenemos un desafío mayor que la reconstrucción material, esa sabemos hacerla y tenemos los recursos para ello, el desafío de la reconstrucción moral de un terremoto ético que se ha evidenciado, en la que ninguno de nosotros puede alegar inocencia.
Y me quedo con la pregunta de mi propia capacidad de acción, y de nuestras autoridades, frente a este tipo de situaciones donde la acción es lo fundamental, por sobre la necesidad de estar informado, y por sobre, aunque me suene duro decirlo, de estar atento a los sentimientos del resto.
Gestión Holística
Una aproximación a la efectividad y bienestar en las organizaciones
mar
06
Un terremoto que me da susto en lo que ha mostrado
Enviado por Raúl Herrera Labarca
el 06/03/2010 a las 18:20
Etiquetas: conciencia acción
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Mauricio Bertero
el 12/03/2010 a las 0:10
Una vez mas Raúl: ¡ Gracias por la honestidad ! Que buen ejemplo de escritura "desde adentro".
Saludos
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...De todo lo que escuché en estos días me quedo con una frase: "Desastres de la naturaleza hemos tenido siempre y los seguiremos teniendo en forma inevitable. Lo que podemos evitar son los desastres humanos".
Raúl menciona la acción. Yo dividiría la acción antes, durante y después.
"Antes" es el tiempo de la prevención. ¿Cómo es posible que no pudiéramos comunicarnos con algunos sectores durante seis horas o más? ¿Cómo es posible que siga uniéndonos una sola carretera? ¿Cómo es posible que no tengamos plantas desalinizadoras y tengamos que recibirlas como ayuda internacional? Lo mismo con teléfonos satelitales. ¿Cómo es posible que en cada terremoto partamos de cero? ¿Cómo es posible que en un país sismico se caigan edificios? ¿Es tanta la corrupción que nos corroe? ¿Cuántos terremotos e inundaciones más tendremos que vivir para que aprendamos a prevenir?
"Durante" es el tiempo de la gestión de crisis. ¿Cómo lograr que las reuniones y los manuales y el qué dirán y las descoordinaciones ocupen tiempo valioso en tomar decisiones? ¿Cuándo aprenderemos que las demoras en la gestión de crisis matan gente?
"Después" es el tiempo de la recuperación. ¿Cómo lograr que toda la ayuda llegue a quienes lo necesiten y no a quienes tienen más contactos? ¿Cómo lograr que la ayuda llegue ahora y no después? ¿Cómo lograr que los burócratas no se queden con parte de la ayuda? Y, sobre todo, ¿cómo hacer para que la recuperación no termine en cuatro años, cuando termine el gobierno entrante, sino que sea parte de un plan de largo plazo, hacia un país económicamente desarrollado?
Las respuestas a esas preguntas son sencillas, en comparación a éstas: Si el subdesarrollo es un problema de mentalidad y no de recursos, ¿cómo haremos para cambiar nuestra mentalidad? ¿qué demonio escondido llevamos dentro que algunas personas, aparentamente normales, robaron y saquearon? ¿qué demonio escondido tienen los delincuentes que robaron a los que lo habían perdido todo? ¿Qué haremos con ese lado oscuro de nuestra realidad? ¿Cómo hacer para que los héroes anónimos contagien a quince millones de chilenos y sigamos un pueblo de heroismo y no de mezquindades?
Estas preguntas y otras son las verdaderas réplicas a un terremoto que remeció hasta los cimientos de lo que realmente somos.