Un amigo me contaba su resistencia a ponerse en contacto con las emociones y como les sacaba el quite, venía de un taller donde se había practicado las emociones y la forma desbordante de hacerlo le generaba rechazo.
Por otro lado, leo en el blog Despertar al mundo de Soledad Vial, la adicción que le generan las emociones, especialmente cierto tipo de emociones. Me resuena el placer por la adrenalina.
Estas dos diferentes interpretaciones, muestra los extremos con que enfrentamos las emociones, desde el rechazo a la adicción. Para poder mirar esta aparente contradicción, miremos el concepto de emoción que aprendí con Humberto Maturana, como predisposición para la acción, es decir cada emoción me predispone cierta gama de acciones y me cierra a otras.
Así en el caso de mi primer amigo, su rechazo a vivir las emociones hace que su repertorio de acciones sea limitado, y en el caso de Soledad, su adicción a cierto tipo de emociones, me hace suponer que hay ciertas acciones que le resultan fáciles de incursionar.
Como indicaba en mi post sobre el miedo y la adrenalina, necesitamos las emociones para sentirnos vivos, y ahora podemos decir, para aumentar mi repertorio de acciones. Ahora bien, la pregunta que surge es cuales son las emociones que están correlacionadas con determinadas acciones.
Una interpretación que me hace mucho sentido es la que he aprendido con mi terapeuta corporal, la bióloga Carmen Cordero. (la interpretación es mi responsabilidad)
- La rabia, es la emoción que me permite la fuerza
- La tristeza es la emoción que facilita el aprendizaje, el crecimiento
- El miedo es la emoción que me permite cuidarme, tomar precauciones
- La alegría es la emoción que facilita compartir, la relación con los otros
Podemos así identificar que acciones no nos resultan, y desde ahí investigar la emoción que hemos aprendido a evitar







