Pocas veces me encuentro con una novela tan irreverente con el medio que los rodea, irreverencia con mucho humor fino y profundas reflexiones filosóficas-
El libro va alternando las reflexiones de una portera de un edificio en París, con las de una muchacha adolescente de 12 años, la portera ejerce su labor con la elegancia del erizo, púas por fuera y un corazón tierno y vulnerable en su interior, lo que le sirve para no llamar la atención de una profunda ilustración y amor por las artes, atención que ve como un peligro para el desempeño de su rol.
La muchacha, aguda observadora de su entorno y de la hipocresía en que este se desenvuelve, convencida de la falta de sentido de la vida ha decidido suicidarse cuando cumpla 13 años, y al igual que la portera hace grandes esfuerzos para qué no se note la agudeza de su inteligencia.
Renée, la portera, combina un profundo sentido común, y su poderosa ilustración basada en el estudio de la fenomenología, de los clásicos de la literatura, observadora de arte, pintura y cine, que usa para descalificar los excesos retóricos de la filosofía y el moralismo prevaleciente de la religión.
Paloma, mira el sin sentido de la vida de sus padres y de entorno, se ríe con humor crítico de ellos, y de la influencia del pensamiento freudiano en su madre.
Poco a poco van descubriendo, un sentido de la vida en el placer de los pequeños detalles, y sus vidas se van entremezclando gracias a la influencia de la cultura japonesa
Un resumen, un libro profundo que me mantuvo con la sonrisa en los labios, sin eximirme de bellas y poderosas reflexiones








Con tu recomendación, leeré el libro.