Llego a la empresa X a dirigir un taller destinado a generar aprendizaje en la formulación de proyectos, es un grupo que ha avanzado en forma significativa en la conectividad emocional entre ellos, y en la revisión inicial de cómo llegamos a la reunión, surge el dolor. Un compañero de trabajo ha muerto pocos días atrás.
El líder del equipo me pide que conversemos del tema, y organizo la conversación en torno a cómo hemos vivido la muerte de G, que gatilla la muerte, y esa muerte en particular, en cada uno de nosotros.
Aparecen diversas sensaciones, que abren distintas conversaciones, la primera es la sensación biológica de haber perdido algo de lo que formamos parte. Conversamos que esta sensación de pertenencia se genera el convivencia emocional, donde terminamos sintiendo al otro como parte de un todo mayor al cual también pertenecemos, y mimetizándonos con él. Nuestro ser forma parte de una entidad mayor de la cual formamos parte.
Aparece la emoción de la tristeza, la emoción que aparece en la aceptación de la perdida de una relación, donde la aceptación permite vivir el dolor mas plenamente, y no negarlo. Conversamos también de la reflexión y las posibilidades de aprendizaje que genera la tristeza, y nos preguntamos que podíamos aprender de la muerte de G, y como podíamos agradecerle ese aprendizaje
Aparecen conversaciones que podemos identificar de rabia. El rechazo, la no aceptación de lo pasó, o de la razón que pasara. Hablamos de injusticia, del sin sentido de algunas muertes que nos afectan, En la conversación surge el apego que tenemos a nuestras creencias de cómo debe funcionar el mundo y el consiguiente rechazo cuando no pasa de esa manera.
Y surge la conversación de la muerte como un recordatorio al sentido que le damos a nuestras vidas, y las fuentes que tenemos para encontrar ese sentido. Conversamos del sentido que queremos darle a nuestras vidas, y surgen como motivaciones el vivir más plenamente, con más conciencia de cada momento; el amar y ser amado; el aprendizaje permanente para vivir más consciente; el ser guía; el apoyar a otros a ampliar sus posibilidades, etc.
Se rescató la importancia de tener estos espacios de conversación, donde sea posible reconocer, aceptar y legitimizar las emociones que nos surgen ante circunstancias como las descritas
Finalizamos con el ejercicio de escribir, después de un momento de conexión interna, nuestro epitafio, lo que queremos que se diga de nosotros, el cómo queremos ser recordados.
Creo haber vivido, y sentido con intensidad, la emoción de una reunión de alta conectividad emocional, una experiencia de esas que permanecen por mucho tiempo en la memoria.
Gracias por la oportunidad de haber facilitado esta conversación.







