Escucho en las noticias el incendio de Capuchinos, para mi sorpresa me surge una emoción de tristeza, recuerdo los 15 días pasados ahí hace mas de un año, lugar donde ciertamente no llegué por mi voluntad, y si con una fuerte sensación de inocencia.
Sin embargo, en los recuerdos que llegan a mi mente, predominan los gratos, conocer mundos distintos, recordar mis conversaciones con Hernán, sus intentos, que secundaba, por mantener el ánimo del resto de los recluidos, muy lejanos a nuestro mundo; mi espacio diario de meditación, mi hora diaria de ejercicios, mis lecturas, y sobre todo el recibir el afecto de la familia y de los amigos que, en cantidades muy superiores a mis mejores pronósticos, me acompañaron día a día.
Por todos ellos guardo una gran sensación de reconocimiento. En esos días decidí, como escribí en mi post amor y dolor, nuestros maestros, no dejar que esa circunstancia se convirtiera en causa de resentimiento futuro, eso creo que es lo que hoy me permite sentir tristeza, y no odio, por el incendio de Capuchinos







