En una reunión de entrenamiento en una empresa, conversábamos de lo complejo que resulta ver los procesos en nuestra vida cotidiana, y las consecuencias negativas que esto puede generar al quedarnos con los juicios de valor de los resultados, sin analizar los procesos, y por tanto sin influir, en los resultados.
Y esto que resulta más o menos obvio en los procesos que podemos llamar técnicos, tiene también una gran importancia en nuestros procesos relacionales. Uno de ellos es la forma como enfrentamos las críticas a nuestras acciones
Un buen ejemplo de un proceso relacional no trivial, es a mi juicio el que analiza David Gallagher en su artículo Poder y discriminación de El Mercurio. Ahí nos muestra, con su habitual erudicción, analizando las conductas y resultado de las mujeres en el poder que, al asumir el rol de víctima y culpar a los opositores de sus desaciertos, no conduce a los resultados que desean lograr.
Termina con una reflexión sobre la conducta en el proceso, y recomendación a nuestra Presidenta, que me parece necesario resaltar:
"Creo que ella lograría más para las mujeres si, al gobernar, dejara de apelar a su condición de mujer. Porque la discriminación se acaba justo cuando la gente deja de percibir el color, el sexo o la fe de la persona que ejerce un cargo, cuando la ve nada más que como a un ser humano, con virtudes y defectos propios de esa condición, y no de otra."
El llamado me parece importante, una invitación a poner la atención en lo que deseamos, no en aquello que queremos evitar.
Recuerdo haber leído que la Madre Teresa de Calcuta se negaba a ir a manifestaciones contra la guerra, indicando su absoluta disposición a ir a cualquier manifestación a favor de la paz. Ella al parecer tenía clara la importancia de los procesos, desde ahí podía soltar y al mismo tiempo confiar, en los resultados.
Podemos intervenir en los procesos, siempre que los veamos; con ellos generamos los resultados que queremos.








Me ha encantado lo de Teresa de Calcuta. Es muy pobre la definición de nosotros mismos por lo que no somos, en la negación, sin atrevernos a decir lo que sí somos.
Y sobre el victimismo tengo muchas ganas de leer más, recuerdo uno de los artículos de Kofman en los productivity killers, que era el victimismo, y me cautivó. No sólo dentro de la empresa la gente tiende a evadir responsabilidades, si no en cualquier otro ámbito de la vida. Miedo a equivocarse... y de aquí pasamos a resilencia...