La pena, la emoción sanadora que nos ayuda a aceptar las perdidas

Me llega una petición para dar orientaciones a personas que van a animar a grupos a generar apertura. la petición viene en torno a la pregunta

¿“Cómo contener” al que se emociona mucho, evidencia conmoción o se pone muy ansioso?

Y en la reflexión que genero, me encuentro con la tristeza, la pena, tal como antes otra conversaciones me habían llevado a la reflexión sobre el miedo o sobre la rabia

Comparto en este blog, la reflexión que preparé para servir de guía a los animadores de esos grupos, centrado en torno a la reflexión sobre la pena

 

Es frecuente al realizar ejercicios que generan apertura, y se aflojan barreras defensivas que siempre nos acompañan, que algunas personas se pongan en contacto con dolores más o menos profundos que aún no han sanados, generando una emocionalidad que usualmente no sabemos contener

Ayuda a contener a la persona, poder identificar cual es la emoción en que se encuentra, usualmente en estos contextos es la pena, una perdida que no ha sido elaborado lo suficiente, y permanece en el cuerpo, aún no se suelta, no se acepta que hubo una perdida

Biológicamente la pena, es la emoción que se nos genera frente a una perdida, un ser querido que se ha ido, un sueño no realizado, una expectativa no cumplida, la identidad que se ha comprometido, una perdida material, un hijo que se ha casado, etc…  Siempre está asociado a una perdida, algo que se tenía y hoy no se tiene. Así cuando nuestro cuerpo tiene pena, la pregunta es que hemos perdido

La pena no es mala, siempre estamos perdiendo algo, y la pena es la emoción que nos ayuda a reconocerlo, lo que nos complica es la falta de aceptación de la perdida, el apego a lo que teníamos, la ilusión que fuese eterno.

Vivir la pena es un proceso sanador, biológicamente, el cuerpo se reorganiza para adaptarse a lo que perdió, pero no es gratis, el sistema inmunológico tiende a desorganizarse, y hay más riesgos de contraer una enfermedad. 

Biológicamente en la pena, el cuerpo secreta hormonas que ayudan a recomponerse, son las mismas hormonas del crecimiento, eso explica que muchos niños lloran en la etapa de crecimiento, no están tristes, están creciendo.

La pena es la aceptación de mis limitaciones, y por tanto una emoción muy útil para estimular el aprendizaje. Incluso desde la pena (la diferencia entre la realidad y lo que era mi expectativa natural) por lo que pasa, puedo tomar fuerza para pasar a la acción

Hablar de la pena, ayuda a aceptarla, a que fluya sin apegarnos a lo que hemos perdido, es reconocer el dolor, no negarlo.  Hay ciertos tipos de cáncer que parecen estar relacionados con dolores vividos en silencio, que no han sido expresados.

Una predisposición usual a la pena, es la lastima, a compadecer al otro, incluso a tratar de ayudarlo, implica una posición  de superioridad en que me pongo por encima del otro. Es muy distinto apoyar al que tiene pena desde la com-pasión, tendemos a confundir ambas aproximaciones. En la compasión, te acompaño, no pretendo aliviar tu dolor, acepto que te duele, y acepto mi vulnerabilidad para resolver la situación.

Cuando la persona está reviviendo su pena, es potente dejar que viva su proceso, no sacarla de esa emoción, puede ser útil tocarla, pero no abrazarla. El abrazo es muy útil para el momento inicial de dolor, pero la persona requiere vivir su propio proceso

Es muy distinto si la persona entra en la ansiedad, la ansiedad proviene del miedo, del temor a que ocurra algo negativo, y la necesidad de hacer algo de inmediato, de moverse rápido, o mejor dicho que el resto se mueva rápido.  También puede haber ansiedad desde la expectativa de algo positivo, y en este caso la ansiedad surge de la alegría que me toma, impidiendo disfrutar el momento presente.

Finalmente, la persona puede entrar en el descontrol por rabia de sentirse ofendido, pasado a llevar, estafado etc, la sensación acá es sentirse invadido, amenazado, en su territorio. Y la forma como podemos trabajar estos temas, es identificando el territorio afectado, y si es el caso, diseñando el uso de la fuerza con el foco de recuperarlo.   

El contacto con la pena nos sana, nos ayuda

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