Los movimientos estudiantiles, elementos para una conversación

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El despertar de la consciencia

El movimiento estudiantil ha conmocionado al país como hace mucho tiempo no lo hacía, es difícil encontrar personas que no tengan una opinión, a favor o en contra, que usualmente defienden con mucha pasión.

Y más allá de los planteamientos, muchos de los cuales se me escapan, lo que me motiva a escribir es reflexionar sobre la calidad de las conversaciones que se dan en torno al movimiento

Lo primero que me surge, es que mas que las peticiones especificas, parece necesario escuchar las inquietudes que están detrás de las peticiones. Un escuchar que será siempre una interpretación, y por tanto sujeta a debate.  

Las inquietudes de trasfondo, la frustración de las expectativas

Ellas me parece que reflejan un malestar con una sociedad que ha privilegiado, posiblemente mas en el discurso que en la realidad, el éxito individual, por sobre un sentido global de comunidad, de pertenencia y cohesión social, donde la persona que no ha triunfado de acuerdo al modelo, no siente que sea valorado por la comunidad.

Me parece que el primer reflejo de esto se da con los saqueos después del terremoto, donde esta falta de cohesión social se expresa precisamente en las grandes ciudades. Si esta interpretación es válida, la solución no pasa por mas dinero, sino por reconstruir tejido social.

Y es consecuencia precisamente del éxito del modelo de superación individual el que detona esta crisis, el discurso ha sido que el progreso se logra individuamente a través de la educación, mejor aún por la posesión de un título, ojalá universitario, y por tanto hay ahí un fuerte estimulo de demanda que estimula la creación de una nueva oferta., la cual al no estar regulada, tiende a ser de dudosa calidad, no cumpliendo con las expectativas que los alumnos se han forjado, aumentando la sensación de exclusión del sistema, y generando grandes utilidades para los que proveen la oferta sin cuidar la calidad.

Y en este rechazo a la mala calidad de esa educación, que se aprecia plenamente solo al haber egresado, al no conseguir los empleos ni los ingresos esperados que permitan pagar los créditos que permitieron los estudios, asociado a las utilidades que pueden observar en sus casas de estudios, lleva linealmente a considerar el lucro como la causa del problema.

Que entendemos cuando hablamos de lucro

En talleres de coaching, he preguntado que entienden por lucro, y las respuestas tienden a ser respuestas cargadas de emociones negativas, y me resulta curioso que en los mismos dirigentes manifiestan por momentos su rechazo al lucro, y en otros momentos manifiestan su rechazo a los fines de lucro

Y esa diferencia me parece fundamental, y en vez de ver el lucro contrario a la calidad, me parece más útil una mirada sistémica que los integre y complemente el lucro lo asimilo a la utilidad, ingresos menos gastos.

Una organización sin lucro (o sin mecenas que lo sostenga), por mucha calidad que tenga (calidad como satisfacción de los usuarios, y/o cumplimiento de normas consensuadas) muere. Asimismo, una organización con lucro y sin calidad, o se queda sin “clientes” o el sistema regulatorio las cierra (lo que ha faltado).

Esta interpretación, a mi juicio, permite focalizar la conversación en la calidad que queremos y necesitamos, calidad que al exigirse, limita automáticamente el lucro. 

Asegurar la calidad mediante la regulación

Y al ser y reconocerse a la educación como un bien público, esta debe ser regulada, tanto en sus precios como en la calidad de los servicios que entrega, requerimos crear las normas de regulación, las cuales necesariamente deberán irse perfeccionando con el tiempo. 

Ahora quién paga el costo de la educación es otra conversación, hay distintos sistemas en el mundo, desde el pago 100% por el Estado, con becas para los menores ingresos, a créditos que se pagan con una proporción de los ingresos futuros, y el equilibrio dependerá de las negociaciones entre los actores, y el sacrificio tributario que los contribuyentes estén dispuestos a hacer.

Calidad, selectividad y exigencia

El tema sobre el cual no he visto debate, políticamente es muy complejo de abordar, es sobre la calidad, en contrapunto con las aspiración de la mayoría de tener un título universitario, la calidad, al menos en la educación superior, requiere selección y exigencia, de otra forma aumenta la repitencia y la deserción, con la consiguiente frustración y aumento de los costos. Restringir la demanda vía un aumento de la exigencia es una vía importante precisamente para sacar las universidades de menor calidad del sistema.

La calidad de base, la base de la equidad

Y este tema es especialmente relevante, dados los malos resultados de la educación previa a la educación superior, donde es mas grave la falta de estándares de calidad exigentes, y que arroja anualmente estudiantes al sistema, con la ilusión que están preparados. 

Si la inquietud central es la equidad, tema que no he visto consensuado en la clase política ni en los estudiantes, pareciera que ahí es donde deben invertirse los mayores recursos, tanto en regulación, como en recursos para permitir que se logren los estándares de calidad, elevar y dignificar la labor del profesor, evaluarlos y exigirles, de tal forma que la calidad de la educación preescolar, primaria y media tenga estándares mínimos, de calidad, en cualquier establecimiento educacional del país, independiente de su localización y origen de sus alumnos, una visión que podemos demorar en alcanzar, pero que requerimos declararla y avanzar hacia ella. En este caso, los estándares de calidad no deben basarse en la selectividad, sino en los progresos alcanzados.

Mejorar la calidad de la conversación, es la base para lograr los acuerdos que necesitamos

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Comentarios

Raul:

Brillante tu articulo, creo deberían leerlo los politicos de todos los lados, sería esclarecedor para ellos. Me gusta como separas los problemas que vislumbras. La no escucha activa por parte de politicos es un tema de consecuencias tremendas para nuestra sociedad, y no veo como no aprendimos de la crisis del 73 donde la no escucha y la intransigencia nos llevo a consecuencias que hasta el día de hoy nos afectan. Cuidado, estamos como sociedad jugando de nuevo con fuego.

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